Sentada como de costumbre, con una pierna encima de la otra. A oscuras en mi conocida habitación con un cigarro entre las manos. Bebo el aire que me rodea como si de una droga se tratase. Miro a mi alrededor y, a penumbras, veo los tantos cuadros que me rodean que están huecos y vacíos. Uno tiene estampado de tigre, tiene el tamaño perfecto para cogerlo entre dos manos y la ligereza adecuada para llevarlo a cualquier parte. En su interior no hay imágenes, ni fotos de dos amigas abrazándose ni de dos novios besándose. Simplemente se ve el marrón enfermizo de cartón que tienen todos los cuadros vacíos. Tenía una imagen, oh, por supuesto que la tenía. La tiré. ¿Quien en su sano juicio querría tener una imagen carente de sentimiento y valor en un cuadro tan bonito? Sí, puede que para muchos la amistad o el amor sea tener una foto bonita y divertida en un cuadro original y con estilo, pero para mi la amistad es el sentimiento que refleja. Y por eso estoy en esta habitación oscura, rodeada de cuadros vacíos libres para ser llenados por grandes personas, por gente con sentimiento. Por eso tengo un cigarrillo entre las manos y estoy escuchando canciones animadas, con ritmo y gracia. Para poder encontrar algo emocionante que no sea caras de falsos amigos sonriendo a una habitación que no les importa ni lo más mínimo.

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